viernes, 5 de marzo de 2010

Alejandro "el embarazado"

Hace algunos días prometí contarles, con detalle, alguna de las historias de patanes que me han pasado y como lo prometido es deuda, aquí voy...

Para no herir susceptibilidades, vamos a llamar a este patán Alejandro. Ahora recuerdo que cuando hablaba sobre él con mis amigas, lo llamábamos "el embarazado", ya más adelante verán por qué.

A Alejandro lo conocí en una fiesta de unas primas cuando yo tenía 19 años. Él me llevaba unos 6 años de edad. Al inicio me llamó la atención que teníamos varias cosas en común: nos gustaba mucho bailar, ir al cine y era un gran conversador. Luego, aquel hombre me empezó a deslumbrar con sus atenciones, sus detalles, sus palabras... Me pasaba a recoger a la universidad, llegaba a mi casa con comida para toda mi familia, me compraba flores en la calle, me invitaba a cenar a lugares románticos y nuevos para mí, entre otras muchas atenciones... Creo que nunca estuve enamorada de él, sino que simplemente se sentía muy bien que alguien se interesara y se mantuviera tan al pendiente de mí.

Aunque a veces su comportamiento era muy extraño, yo no me preocupaba por el asunto. Con extraño me refiero a que a veces pasaba que el fin de semana se desaparecía por completo, no se reportaba para nada y el lunes a primera hora ya estaba en mi casa preguntándome si quería que me llevara a la U o que nos viéramos más tarde. Pero yo no le ponía cabeza al asunto, sino que cuando nos veíamos la pasábamos bien y ya. Tampoco le pedía explicaciones porque en realidad no éramos novios, solo salíamos.

Un día, que se suponía me iba a pasar a recoger a la universidad, me llamó para darme una noticia que yo no me esperaba y que, de cierta forma, explicaba por qué Alejandro se desaparecía cuando le daba la gana. Ingenuamente, pensé que aquel hombre solo salía conmigo, pero resultó que él mantenía una relación mucho más seria y profunda con otra mujer, y que producto de esa relación, ahora ella estaba embarazada.

De haber estado enamorada de aquel hombre, la noticia me hubiera hecho trizas, pero afortunadamente no fue así. Simplemente le dejé claro que esperaba que le fuera muy bien en la vida, pero que no quería volver a saber nada de él, que mejor se dedicara a ser un buen padre y esposo, si es que así lo decidía.

Pasó un buen tiempo antes de que yo volviera a saber sobre Alejandro. De hecho, ya ni me acordaba de él cuando se volvió a aparecer en mi vida. Como él sabía donde quedaba mi casa, empezó a buscarme de nuevo o trataba de hablar con mi mamá para que ella le dijera donde estaba yo. Mi madre no lo dejaba pasar y le aconsejaba que mejor ni se acercara a la casa porque a mi papá no le iba a agradar la idea de verlo por ahí y a mí tampoco. Yo tenía muy en claro que no quería nada con él y que ya no teníamos nada de qué hablar, pero él insistía. Para aquel momento, ya su bebé había nacido.

Un par de veces logró encontrarme y utilizaba el típico cuento de que no sentía nada por la madre de su hija y que no pensaba en casarse con ella, que solamente se iba a hacer cargo de la niña. Por otro lado, me pedía que conociera a su hija y hacía planes para que saliéramos los tres a pasear al parque y comer helados. Por supuesto que yo no accedía a esas peticiones, pues me parecía algo innecesario y fuera de lugar.

Su insistencia y su cinismo llegaron al límite cuando una mañana llegó a mi casa a buscarme con su bebé, que para ese momento podía tener ya más de un añito. Yo en ese momento me encontraba en la universidad y mi madre no tuvo corazón para dejar a la bebita afuera y por eso los dejó pasar un rato. No sé cuál era su insistencia porque yo conociera a su hija y me hiciera amiga de ella. Y no sé qué pensaría la madre de esa pobre niña si se hubiera dado cuenta de que aquel patán le andaba buscando otra madre a su bebé.

La última vez que lo vi, Alejandro logró averiguar donde estaba trabajando yo y me esperó a la salida. Me pidió que me montara en su carro y como yo le dije que no, me siguió en el mismo hasta la parada de buses. Yo le pedí que no insistiera más porque la relación que teníamos se había terminado hace tiempo, así como el cariño, la confianza y la amistad. Al final, él terminó gritándome desde su carro que él era el hombre de mi vida y que algún día íbamos a estar juntos por fin y para siempre.

Mucho tiempo después, hablando con una amiga, ella me confirmó que Alejandro, desde antes que naciera su bebé, ya se había casado con la madre de la niña. Así que todo el tiempo que anduvo detrás mío, hasta con la niña a cuestas, ya estaba comprometido con otra mujer.

En realidad yo tuve suerte de no haberme enamorado de semejante patán y de haberme dado cuenta a tiempo de la clase de canalla que era, pero sí cometí un error al haber pasado por alto aquellas señales que me hubieran indicado desde el principio que Alejandro era un hombre que me podría traer problemas a futuro. Así que chicas, abran muy bien los ojos porque quién sabe cuantos Alejandros andan en la calle hoy en día.

2 comentarios:

  1. Ahora, después de leer semejante cosa yo me pregunto: ¿cómo es que, ante pruebas como ésta, todavía hay mujeres que caen tal telaraña de mentiras?

    Con razón algunas de ellas terminan cansadas de nosotros.

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